30 abr. 2010

"Tenia toda la felicidad de andar nomás"



Peteco Carabajal toca con su grupo esta noche a las 21.30 en Rosario. Lo hará en una gran peña organizada en el Galpón 11 (Sargento Cabral y el río) por los festejos en torno al Día del trabajador. Mientras escuchamos en el programa su último disco Aldeas conversamos con él. Allí Peteco interpreta un repertorio de composiciones propias, otras compartidas con Demi Carabajal y Teresa Parodi, y versiona a Yupanqui, Spinetta, Blades, Serrat y Silvio Rodríguez.

Después de hacer una mención a Ricardo Mollo y Diego Arnedo (Divididos) por estar invitados en el álbum, la charla derivó a los trabajos extra musicales que tuvo Peteco antes de que la música se convierta en sustento económico. “De pocas cosas (trabajó), yo venia estudiando en mi adolescencia hasta tercer año de la secundaria y después me largaba a querer trabajar, y andaba de vago, me iba a Santiago (de La Banda a Santiago del Estero), pasaba temporadas allá, todos los días yendo a comer a la casa de algún pariente y hasta que volvía a Buenos Aires y me ponía buscar trabajo pasaba un tiempo, pero llegó un momento que no dio para más y tuve que trabajar”.

Sobre la forma como encaraba esos primero trabajos Peteco juzgó.” He hecho varias cosas sin demasiada suerte ni fuerza de parte mía. En ese tiempo (años 71` 72`) salías con el diario abajo del brazo y conseguías laburo. Como aprendiz, había muchas fábricas, talleres, así que encontré en Liniers para encuadernar libros. Ahí un condimento importante, a parte de que era un trabajo que tenia mucho de artesanal, era que había chicas, era un ambiente hermoso, ha sido el trabajo que más duro, casi dos años (risas)”.

El santiagueño, autor de importantes páginas del folcklore argentino nos narró con detalles el paso a su tarea netamente musical: “De un día para otro he empezado a cantar en las peñas, al principio faltaba solo los sábados al trabajo, ya después era viernes, jueves, ni siquiera iba a cobrar. Desde ahí (a los 18 años) me he dedicado a la música. Era feliz e inconciente, no me dañaba nada en ese momento, tenia toda la felicidad de andar nomás, ni siquiera la palabra proyecto existía en mi vocabulario”

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