15 ago. 2011

Encontrarse en algún lugar

A principios de agosto el escritor Marcelo Britos (Rosario, 1970) presentó su cuarto libro “Como alguien que está perdido” (cuentos) editado por “El ombú bonsai”. El autor de los anteriores Los Dogos (Ciudad Gótica, 2004) y Alexandria (Universidad Nacional del Litoral y Ciudad Gótica, 2007) y de la novela Empalme (Editorial Municipal de Rosario, 2010), por la que obtuvo el primer premio del concurso municipal Manuel Musto (2010), pasó por el programa para charlar y recomendarnos música."

Aludiendo al disco elegido decía: “A mi me gusta mucho el tango y una amiga de Corral Bustos me regaló para el cumpleaños el disco (Cabulero- Damian Torres Trío). Me gustan mucho porque hacen un tango clásico y me encanta el tango canción de la década del 20`. Me gusta Manzi, Cadícamo, Expósito. Y también me gusta el tango instrumental de esa época, no reniego de Piazzolla por ejemplo, pero prefiero más el tango instrumental cuando es clásico”.

Respecto a los once cuentos que integran las 124 páginas de Como alguien que está perdido Beatríz Vignoli escribió en Rosario/12 “que muestran un firme anclaje en las coordenadas de la ciudad y la provincia que habita su autor. Si bien el mundo desencantado que transitan sus personajes se asemeja al de los círculos infernales que recorren los de ese autor con nombre como de marca de whisky que es John Cheever (o, un poco más cerca en el espacio, Juan Carlos Onetti), la atmósfera y las referencias locales son reconocibles”. En tanto Britos contó en nuestro estudio: “Salvo dos cuentos que son de principio de este año, los demás los escribí cuando terminé de corregir Empalme. Así que son una especie de desahogo, de descanso de la novela que tenía una densidad formal como emocional, así que deben ser de 2009, claro que han tenido su proceso de corrección”.

Acá la nota con Britos



Bonus trak

Texto leído por el también escritor Federico Ferrogiaro durante la presentación del libro. Agradecemos al autor de El pintor de delirios y Cuentos que soñaron con tapas.

Buenas noches a todos y gracias por estar presentes…

La verdad que es un honor que se haya aceptado mi candidatura para presentar este nuevo libro de Marcelo. No sólo por la amistad que tenemos y el riesgo que eso implica en las opiniones, sino porque me gusta especialmente hablar sobre los libros que me apasionan y como Borges, Onetti, Castillo, entre otros, nunca me dejaron presentar los suyos, no quería que se me escapara la oportunidad de hacerlo con “Como alguien que está perdido”.

Doble satisfacción entonces para mí: primero la lectura del libro y, ahora, tener la oportunidad de contarles de qué se trata esta formidable compilación de cuentos de Marcelo Britos. Desde mi perspectiva, una de las principales características es la multiplicidad de los temas que podemos encontrar en los relatos y que marcan, sin dudas, la versatilidad y el ansia exploratoria de su artífice. Que aparezcan ambientes, escenarios, personajes siempre distintos y compactos, se completa con la capacidad de Marcelo para proponer voces nuevas, narradores diferentes que no opacan a la historia, a la trama, sino que ayudan a realzarla, a envolvernos como lectores en el desarrollo de los episodios.

Además de la heterogeneidad, la escritura de Marcelo, desde mi punto de vista, se sustenta en tres pilares: la seriedad con la que asume el oficio de escritor, el trabajo de orfebre que realiza con la lengua y el empleo de técnicas provenientes del cine que nos permiten visualizar lo que estamos leyendo y convertirnos en lectores activos y atentos.

Cualquiera que haya leído un texto de Marcelo, puede gustarle o no, pero no hay elementos para objetar la responsabilidad, el celo, el cuidado que dedica a cada frase, a cada periodo, a cada escena, al armado del relato en su conjunto. La prepotencia del trabajo, como diría Arlt, es una de las constantes de todos sus cuentos y mientras algunos creen en la inspiración como algo externo y mágico, en Marcelo respiramos el laburo, pero un laburo hecho desde el alma y con amor, un laburo hecho para perdurar, incorruptible. Y esto mismo se percibe en la perfección de su prosa, en el placer que sentimos cuando nos dejamos llevar por sus relatos. Parte de esta fórmula, de ese compromiso con el oficio, es el uso del lenguaje que nos asombra con sus imágenes, comparaciones y la dosis exacta de adjetivos. Y, en cuanto al montaje, es impresionante cómo Marcelo combina, en un mismo cuento, escenas, puntos de vista y focos diferentes, dejándonos a nosotros, los lectores, la obligación de recuperar los sucesos omitidos a partir de los indicios que va sembrando en el texto. Cuando ustedes lean, por ejemplo, “Verdún”, “Natación”, “Códigos” y “Raro” van a acompañar, no tengo dudas, esta opinión sobre el estilo Britos, una marca registrada realmente.

Sin pretender adentrarme más en el libro para dejarles a todos ustedes que hagan solos el descubrimiento, la exploración de “Como alguien que está perdido”, quiero agregar unas pocas palabras sobre una sensación espiritual que me deja la lectura de los cuentos de Britos. Algunos me habrán escuchado cargarlo, embromarlo diciéndole: “sos amargo, Britos”. No creo equivocarme. Pero esa amargura, que en parte compartimos, en Marcelo es fruto de la observación poderosa, clínica, que se concentra, que se nutre de la realidad, de ser un tipo que ya dio varias vueltas a su cuenta kilómetros, de tener experiencia en la escuela de la vida y de haber conocido, cara a cara y a través del sufrimiento propio y ajeno, lo devastadores que pueden resultar los puñetazos del destino. Amargura, sí, pero amargura existencial, angst, con la que Marcelo no se regodea sino que la sugiere, nos la entrega transformada, gracias al esplendor de su poesía.

Estoy seguro de que cuando nuestra ciudad se sienta mayor de edad, cuando aprendamos a valorar de la misma forma que hacemos con los externos, a los artistas y escritores que comparten nuestras calles, nuestros bares, nuestras plazas, cuando nos sintamos verdaderamente el polo cultural que nos pretendemos, cuando empecemos a reconocer a nuestros maestros locales, el trabajo de los que nos preceden y también de nuestros contemporáneos, y todo esto ojalá que pase pronto, estoy seguro, insisto, de que nuestro canon va a incluir en un lugar de privilegio a “Como alguien que está perdido”…

Te felicito Marcelo, y felicito al Ombú Bonsai, por darle vida a este excelente libro.
Muchas gracias.

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