16 sep. 2010

Entrevista a Horacio González

La Biblioteca Nacional está festejando 200 años. El 13 de septiembre de 1810 se publicó en La Gazeta de Buenos Aires, órgano de la Revolución de Mayo dirigido por Mariano Moreno, el decreto de creación de esta institución. Antes de su viaje a San Juan para participar del Tercer Congreso de Cultura, el sociólogo y escritor Horacio González, actual Director de la institución, conversó con nuestro programa.

Su “Historia de la Biblioteca Nacional” -publicada recientemente-, las discusiones sobre el concepto de cultura, las grandes obras literarias, jugosas difiniciones en torno al inmueble y el libro físico-libro digital.

“Podríamos decir que se conversa sobre el conjunto de las políticas públicas de cultura de las provincias, municipios, regiones y el Estado Nacional. La idea es que salga de ahí un concepto de política cultural; que siempre está en discusión en la argentina. Cuál es el criterio para desarrollar una política cultural en un país siempre está en discusión. Sobre todo el gran tema de las culturas eruditas, las culturas populares, cosmopolitas, cómo se interrelacionan”, se explayó González en referencia al Congreso que se realiza cada dos años.

- Los libros que se publicaron respecto a las ediciones anteriores de estos congresos sitúan sus miradas en torno a la construcción de “cultura”. Por ejemplo, con la discusión cultura espectáculo – cultura popular...

- Nun (ex secretario de Cultura Nacional) tenía una definición que a mi no me parecía mal que era “tomar como cultura vivida, la cultura popular, las formas de vida”, y en ese sentido es una definición amplia. Yo a esa definición, a la cual no me contrapongo, siempre le sugiero incorporar la cultura como obras concretas. Eso no lo podemos omitir. Me refiero a un Martín Fierro, a un Aleph de Borges. En fin...la cultura son formas de vida pero también son obras concretas y eso lo acerca a la literatura y la escritura.

- Esta semana miramos hacia San Juan justamente ya que se realizaron las Celebraciones Sarmientinas. Ahí, respecto a lo que decías sobre las grandes obras literarias, está el Facundo que sigue interpelando…

- Bueno el Facundo siempre interpela, comenzando por su primer párrafo y la interpelación de Sarmiento a Facundo; “Sombra terrible… revélanos tus secretos”. Es una frase de una contundencia que recorre toda la literatura argentina. Es cierto que el culto sarmientino se ha desvanecido un poco en la Argentina.

- Claro que sabemos que la Biblioteca atesora libros, música, partituras. Pero ¿cómo actúa respecto a las publicaciones del país? ¿recibe un ejemplar de cada libro?

- Eso está por ser corregido. La ley de depósito legal es muy antigua, determina tres libros para el Estado de parte de las editoriales. Uno al Archivo General de la Nación, otro va a la Biblioteca del Congreso y otro a La Biblioteca Nacional. Sin contar que la ley de deposito funcionó mal entonces no llegan todos los libros, las editoras del interior no depositan…y no es culpa de ellas. Falta una red nacional que hay crear. Creo que son pasos que tiene que dar el país en materia de su estructura pública sobre el mundo cultural.

- Siendo que la Biblioteca está en Buenos Aires, ¿de qué modo sentís que se abre al resto del país?

- En principio tiene en consulta todo su acervo de libros, hemeroteca, imágenes, pero la digitalización avanza lentamente. Cuando todo eso esté (y no será muy pronto: falta equipamiento, financiamiento, pero no faltan ideas ni prioridades) el tema de si es de Buenos Aires o no va a ser irrelevante, pero ahora no lo es. De igual modo todo lo que tenemos está en la página de la Biblioteca.

- ¿Cuál es tu postura de cara a la digitalización?. Porque se da el cambio de una relación física con el edificio, a la consulta virtual.

- A mi me parece que las bibliotecas tienen que seguir existiendo como un cuerpo vivo, de consulta física, táctil, en forma directa, por un lado. Por otra lado, fomentamos todos los proyectos de digitalización, de consulta remota. El lector se ha escindido entre el lector remoto y el lector presencial, pero si este último desapareciera yo siento que las bibliotecas se convertirían en centros de documentación, en centros informáticos. Pero no puedo dejar de ser la casa que reciba al lector vital, al que se presenta con su nombre y apellido y hace ocupación del espacio. O sea, la espacialidad y temporalidad de una biblioteca tienen que estar presentes en la idea del lector. En fin, la idea del lector remoto y el lector presencial tienen que ser articuladas. Tratamos de hacerlo así. Queremos tener todos los tipos de lectores; el lector vocacional, el lector estudiantil, los investigadores. La idea de la lectura como una especie de drama físico que alude a un lugar, que supone una estenografía inmediata está en los grabados de todas las épocas, el lector leyendo en su mesa. Eso me parece que hay que protegerlo y al mismo tiempo al lector leyendo en la terminal de una computadora. Una vez Ricardo Piglia me decía ´yo no voy mucho a la biblioteca, incluso no voy nunca, pero saber que la biblioteca existe en forma física, localizada en un territorio, hace a los escritores argentinos, escritores más inspirados`. Me resultó muy interesante que lo dijera Piglia. Pero yo no creo que fuera porque estuviera hablando conmigo, él tiene estas ideas y yo suelo citar esta frase de Piglia no como consuelo sino como una realidad contemporánea respecto de esta institución.

Pensaba…inclusive el edificio mismo, como tal, ha suscitado alguna discusión…los cambios de locación.

No fueron tantos, fueron tres. El de Perú y Moreno. El de la calle México donde estuvo Borges, también Groussac. Y ahora este que hace vientipico de años que está acá. Un edificio que a Borges no le gustó, lo llamaba la maquina de coser. El pintor Daniel Santoro lo llama la mesita de luz y Clorinda Testa, el constructor, lo ha comparado al gliptodonte porque se encontró un gliptodonte en la excavación. Pensando en eso, en la arquitectura del edificio, que es una variante del expresionismo. Tiene algo de telúrico, tiene algo de vieja arquitectura criollista a pesar de que sus formas al ser más abstractas están ligadas a cierto universalismo de los años 60. Es una vertiente interesante de cierto barroquismo de la arquitectura criolla por eso lo defiendo.

Respecto al libro que escribiste sobre los 200 años de la Biblioteca ¿lo trazaste en torno a las direcciones?

Si, si. Como una manera historiográfica que no es la habitual, porque parece que uno se fija menos en los procesos colectivos que en las presencias individuales. Pero a partir de estas presencias que no las podemos omitir nunca, intenté también pensar las grandes líneas culturales, siempre cambiantes, siempre contradictorias que en los 200 años se dieron cita en la biblioteca: la línea confesional, la línea laica y después las políticas culturales, tecnológicas... todas merecieron polémicas. Ya en la época de Mariano Moreno era una polémica esto. Moreno formula la tesis de la ilustración popular. De algún modo la seguimos manteniendo, a mi me gusta esa idea de ilustración popular, siempre que no sea una hipótesis elitista. Me gusta la idea de la fusión entre los procesos de la ilustración y la vida popular.

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