11 may. 2012

Antonio Ríos, maestro de bandoneonistas

Antonio Ríos nació el 13 de junio de 1917 y fue uno de los grandes músicos de tango que cobijó la ciudad de Rosario. Eximio bandoneonista, fue respetado y venerado por su calidad artística quizá más en Buenos Aires que en su ciudad natal. Con tan sólo 18 años y habiéndose ya convertido en un músico de renombre en el género, viajó a Capital junto a Julio Ahumada, convocados ambos para participar en la orquesta de Juan Rezzano.

“Él se va con la orquesta de Juan Rezzano a hacer una gira en el ‘37 y allá se queda” contó Lautaro Kaller, escritor y periodista especialista en tango y autor del libro “El tango en Rosario”, en entrevista con De Ushuaia a La Quiaca.  Tanto a Ríos como Ahumada, ambos discípulos de Abel Bedrune, “los llamaban de todas las orquestas, especialmente para grabaciones, para que hagan de primer bandoneón”, agregó Kaller, confesando además la dupla peligrosa que resultaban ser estos dos rosarinos durante la noche porteña.

A lo largo de la estadía en Buenos Aires su actividad fue diversa: trabajó junto a Francisco Lauro en la orquesta típica de Manuel Buzón, en Radio El Mundo y en las orquestas de Miguel Caló y Argentino Galván, en Radio Belgrano. Asimismo, integró como primer bandoneón la formación de Orlando Goñi y formó una orquesta con arreglos propios en 1944, la cuál acompañó al cantor Roberto Rufino. Poco tiempo después volvió a Rosario, momento en que según Kaller, el tango rosarino vivió su momento de esplendor, no por el auge del género –ya por aquel tiempo devastado en parte a manos de la acción sistemática de la industria del entretenimiento- sino por la calidad musical con la que contaba la ciudad y la gestación de un estilo propio, no tan ligado al padrinazgo porteño. “Rosario siempre tuvo una dependencia genética con  respecto a Buenos Aires; como en tantos otros foros, también en el tango. Además por la gran calidad de lo producido en Buenos Aires,  las orquestas, los directores y los cantantes rosarinos quedaban un poco apresados en esa lógica y Raúl Bianchi tocaba al estilo de (Carlos) Di Sarli, y (Héctor) Lincoln Garrot al de (Osvaldo) Fresedo y Juan Antonio Manzur el de (Juan) D’Arienzo, era muy difícil romper esa lógica. Quizá en ese momento se dan una serie de hechos muy beneficioso para el tango rosarino, la llegada de Omar Torres desde Las Rosas, la vuelta de Antonio Ríos desde Buenos Aires y el desembarco de Domingo Federico acá en la ciudad, son tres hechos que se dan entre fines de los ‘40 y la década del ‘50 que fue para el tango rosarino valiosísimo”.

Respecto del estilo de Ríos para ejecutar su instrumento, Kaller destacó que era “muy particular, ese sonido apagado, limpio, sin estridencias, sin ningún tipo de búsqueda impura. No hay efectismos de ningún tipo en Antonio, por eso está muy bien lo de (Oscar) Zucchi  que dice: “es el bandoneón en estado de pureza”. Además ese arrebato a lo (Pedro) Laurens y ese apile a lo (Pedro) Maffia, Antonio ni movía al bandoneón tocando. Era muy poquito lo que hacía. En “Berretín” hace un solo sumamente dificultoso y lo hace con una solvencia y con un despliegue, que es más que llamativo, que uno dice: ¿cómo un tipo con la vida que lleva, puede hacer música de esa manera?


+ Escuchá la entrevista a Lautaro Kaller

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