8 may. 2012

Pueblos del país - Olacapato

Martín Ortega es un docente de la capital salteña que cada dos semanas “sube la cordillera” a más de 4000 mts para dar clases Ad honorem en la escuelita de frontera 4600 Mayor J.C Leonetti. Ese poblado que -anecdóticamente se dice- es el paraje más alto de la argentina, se organizó a instancias de la línea ferroviaria C14 que “llegaba a  chile” pero que ahora está “completamente muerta”. Con recomendaciones para el viajero de “ir liviano”, “no andar de golpe” y “mascar coca”, Ortega cuenta cómo llegó a esta zona minera, describe con elocuencia la vidad de los lugareños y reflexiona sobre sus días entre telescopios y chicos a los que enseña nuevas formas de ver el mundo.


Por Martín Ortega desde Olapacato, Salta

No estamos solos. Es una frase llena de esperanza como la que en este lugar de argentina, Olacapato llegamos a sentir. Con tu permiso contare esta historia: Olacapato es un pueblito que se ubica en la frontera oeste con chile en la provincia de salta. Está a 4100 metros sobre el nivel del mar, siendo por esto el pueblo habitado más alto en la argentina. Originalmente este paraje nació (1941) como la penúltima estación de trenes hacia la frontera, luego la actividad minera hizo que mucha gente llegara a radicarse en el lugar fundando un pueblo con casitas de adobe (1950). Cuando muere el tren (1985) vinieron las consecuencias que conocemos hoy en día. En Olacapato solo podía hacer una cosa: ser minero del borato, porque la sal ya había perdido el precio que tenía hasta ese entonces (1998). Hoy en dia se vuelve a los salares no a buscar precisamente la sal común, sino mas bien la sal de litio. Esta recorrida rápida no puede englobar el sufrimiento de la gente en todas estas décadas, y menos aún no cuenta la historia de nuestros niños, que es lo que quisiera contarte.

Como vemos el pueblo es hoy en dia un pueblo minero, por eso es que las calles del pueblo durante semanas están como vacías, como si las imágenes se congelaran. Hace muchísimo frio, llegándose a registrar temperaturas de hasta 32 grados bajo cero. Por ejemplo en un día de verano es normal tener  2 a 4 grados bajos cero. Cuando llegas a este lugar es una inmensa planicie en lo mas alto, un lugar desértico donde ninguna planta crece, no existen los arboles. Solo piedras, arena, viento helado que parte la cara y un sol abrazador durante día que se esconde burlándose de nosotros muy temprano para dar paso al frio. Uno diría pero por qué no se van a otro lugar Te diría que más bien son rehenes de la historia, del sufrimiento, de la injusticia, pero esto lo fundamentare mas adelante.

Por esas cosas de la vida tuve la oportunidad de conocer grandes personas de bien, como el director de la escuela de Olacapato  Salomón Ordoñez allá por noviembre de 2008 en una feria de ciencia. Era su primera vez en la ciudad participando con sus niños, y me contó en poco tiempo muchas historias. Le prometí llegar al lugar y logré hacerlo en enero de 2009. Desde allí a la fecha soy uno mas, así me lo hacen sentir los chicos.

La Primera impresión

Llegar a la escuela no es fácil, ya que no existe un transporte urbano, solo camiones de mineras que hacen la gauchada de llevar a dedo a la gente. Mochila en mano llegue fácilmente hasta san Antonio de los cobres en micro, también el famoso tren a las nubes llega hasta allí (a precios exorbitantes)  hasta el puente de la Polvorilla, pero solo es la mitad de recorrido si uno se pone a pensar, los turistas y especialmente los argentinos nos perdemos lo mas impresionante del viaje que precisamente viene después, viajar por los 5000 metros de altura dentro de rulos internos por montañas. Desde san Antonio a Olacapato no hay transporte, así que se llega a dedo. Siempre con el Director nos ingeniamos para subir .Ya en la escuela después de un increíble viaje llegamos. La primera impresión es ABANDONO. Casitas casi en pie por el desgaste del viento, unas calles desiertas muy pocas porque el pueblito es algo así como media manzana, tal vez menos. Y al fondo un galpón bajito amarillo y una capillita. La escuela completamente derruida, mostraba que la DEUDA INTERNA aun persiste.


El Galpón amarillo: la escuelita

Cuando vi el galpón no podía creer que así reciban clases, bajo techo de chapa a temperaturas bajísimas del orden de los 6 grados bajo cero. Sucede que desde 1978 se utiliza esa estructura que quedo del conflicto con chile en esa época. Un desgastado y, digamos, inexistente cielorraso me hace sentir la palabra olvido. Porque en nuestra argentina de hoy hay mucho olvido. Había que hacer algo, pero real y concreto, primeramente para saber que existimos en estas altísimas planicies, pero con otro enfoque, no el usual de la protesta. Seria más bien trabajar con lo poco o nada que tenemos y demostrar que hay ganas, y que la voluntad podría dar otro rumbo a esta situación de olvido. Primeramente fue crear una paginita web que irónicamente no podía ser vista en la escuela a falta de comunicaciones, pero que sería nuestra ventana al mundo.

Eso no era suficiente, había que crear alternativas para principalmente los niños y jóvenes. Y junto a ellos trabajar tomando conocimientos en jornadas especiales, aprovechando lo que tenemos en nuestra tierra. El cielo, el viento, el agua. Recuerdo esa primera vez que llegué con un telescopio casero para ver mas allá de lo que cotidianamente los chicos ven en su vida...lo llamaron quewar como el volcán que se erige imponente frente a nosotros. Aprendimos a construir globos aerostáticos esa tarde y el viento fuerte nos jugo varias travesuras cuando los hicimos volar. Aprendimos a construir cohetes de agua a presión...que divertido y didáctico! Basta ver la seriedad de sus argumentos, la eficacia de sus vuelos y sobre todo la chispa que sale de sus ojos al ver su ingenio volar.Entonces cómo no hacer algo más por estos chicos.

Me mostraban la pila de documentos ( falsas promesas) de funcionarios que nunca funcionaron. Entonces tiramos una botella por el mar de internet y la hallaron los hermanos de Espacio Profundo, una comunidad de Astrónomos aficionados quienes me enseñaron que existen muchísimos argentinos con un corazón grandísimo, con gran compromiso por su tierra y a su gente, y que no necesitan de los elogios, lo hacen porque les nace por dentro. Personas comunes con sentimientos extraordinarios. Ellos impulsan el proyecto astronómico en este lugar y con dos equipos donados por ellos en conjunto lo peques se apropian de nuevos y sorprendentes conocimientos. También faltaba hacer una cúpula. La tramitamos pero solo fueron nuevas promesas. Es así que se nos ocurre llegar a pedir un vagón de tren a Salta para aula y observatorio... sin respuesta obviamente. Y siguieron llegando mas amigos, incluso desde capital federal un astrónomo hermano de la comunidad Espacio Profundo, tambien docente, Carlos Vidal, se animó a subir para traer y ofrecer su corazón a los peques.

De a poco el grupo de amigos se hacía mas grande. Sin siquiera conocernos ya existía un compromiso y lealtad, luego la situación llego a oídos de quienes tienen que oír alguna vez, y decidieron por fin construir unas aulas con un presupuesto bajo. Pero se trata de un derecho de los niños, un derecho de ellos como argentinos, es una razón simple. Las alternativas hay que creárselas a todos, en especial a los niños, por eso estamos por aquí. Solo sé que algo hay que hacer, por el cariño inmenso por estos chicos, esta tierra, que es nuestra tierra.

Decía el Barba Castilla: “mi sabiduría viene de esta tierra” y cada vez le encontramos mas sentido. Cuanta alegría y esperanza que nos da saber que nos acompañan , el saber que no estamos solos. Vamos por más! Un abrazo Claudio y Perry. Hasta muy pronto. Con ustedes caminando de Ushuaia a la Quiaca no nos sentimos solos. Con mucho afecto Martin Ortega.


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