15 may. 2012

Entrevista a Antonio Birabent

El sábado a la noche Moris y Antonio Birabent presentaron esa belleza de disco que es Familia Canción , y alternaron con repertorio de cada uno por separado y en dúo. La banda, integrada por guitarra, batería, bajo y teclados, devocionalmente acompañaba y jugueteaba cuando la voz cantante era la de Moris, y se soltaba y ajustaba más cuando Birabent tomaba la posta.

El show, cálido, entrañable y algo mítico, sirvió para que el público rosarino disfrute los temas nuevos de dos tipos de espíritu callejero que, con una guitarra y la canción rock a cuestas, encontraron una forma de interpelar el destino y la ciudad por la que se mueven. En la semana previa al show Birabent habló con nuestro programa.

“Cuando hay trabajo lo hacemos. Sabemos que no es un proyecto de largo alcance. Y a pesar de que el recibimiento fue extraordinario, no vamos a estar mucho más allá de este año tocando el disco”, arrancó explicando Birabent y agregó: “Cuando arrancamos con el proyecto yo pensé armar una lista donde estuviera marcada claramente una diferencia de cuáles son los temas mios, lo de él y los de Familia Canción. Después por suerte cambiamos de idea y armamos un repertorio donde la música va y viene. De un tema que tiene cuarenta años (El oso, Ayer nomás) a uno que tiene un año. Hay una ondulación, un viaje en el tiempo a través de las canciones. Lo hemos tomado con mucha libertar porque el proyecto también nació de una motivación muy genuina. Hemos compartido música toda la vida y fue tema de conversación, así que el disco fue hecho por gusto. Tratamos de reproducir eso en los show.


A pesar de la distancia  temporal de los temas, siento que tanto vos como tu viejo han sostenido las inquietudes, aquello que los desvela, en las canciones viejas como las de este álbum…

Hay una continuidad en las obsesiones que tenemos y que vamos enhebrando, es verdad. Si bien el tiempo pasa y hemos ido incorporando otras cosas, este disco en particular es un disco que está muy centrado en el hombre en la ciudad, en las hendijas que tienen las grandes ciudades. Por un lado corre la vida, dos mil doce y el mundo que nos rodea, y al mismo tiempo, paralelamente, hay lugares, momentos, personas, imágenes… que cuentan otra cosa, que cuentan algo que está al costado, que es lateral. Y siempre hemos tenido con él esta curiosidad a la hora de escribir. De contar esos dos mundos, y eso es patrón en Familia Canción.

En la estética del disco, en las fotos se los ve en movimiento…¿Son callejeros?

Lo hemos sido, ya no tanto. Cada uno hace más sus cosas. Para hacer este disco de algún modo hemos reproducido eso. Caminatas, esa aventura de salir a caminar por una ciudad sin rumbo fijo. Sin gran plan. Es un lujo de millonarios sin plata. En vez de meterte en tu casa frente a la bendita computadora decir “bueno, voy a caminar por Fisherton. ¿A qué? A nada, me voy a caminar. Eso siempre nos ha llamado mucho la atención; la escritura desde la caminata. Hemos sido dos peatones. El que escucha el disco va a encontrar eso entre otras cosas, pero sí la observación constante de lo que pasa, de lo que acontece. Es un berretín que tenemos.

Creo que también hay un pendular entre centro-periferia. ¿Cuál es tu valoración sobre esos espacios? ¿Te gusta esa zona donde termina la ciudad?

A mi gusta eso. Encontrar ese lugar donde la ciudad empieza a aflojar. ¿Acá empieza el fin de la ciudad? Siempre me gustó eso. La ciudad parece un monstruo pero hay un lugar termina, y ese lugar es la orilla, el costado, donde se empieza a mezclar el campo. Muchas veces el campo invade la ciudad en pequeños detalles. En Buenos Aires hay barrios en los que caminás y en decís “esto podría ser una calle de Ayacucho, de Junín”. La verdad que yo no soy un tipo solo volcado a eso. Pero familia tiene mucho que ver con eso, el tipo en la ciudad, l hombre solo que está parado en una esquina y no sabés a quién espera, si al colectivo o a una amante.

Ese es el gran tópico del rock argentino ¿no? Ese existencialismo urbano…

Si, es verdad. Desde que empezó a haber rock argentino a finales de los sesenta. Manal hablaba de eso, mi viejo también, Almendra a su manera también. Pero la ciudad y lo que representa: el anonimato, la crudeza, el tango en buenos aires, en rosario y buenos aires el puerto también. Es nuestro ámbito. Yo soy un enamorado de la ciudad pero también tengo un rechazo enorme por lo que la ciudad produce. Tal vez lo que nosotros buscamos es la visión poética más posible de esa ciudad.

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